jueves , 21 marzo 2019
Laura Vallejo: “La economía de la salud debería interesar a todos los actores relacionados con la toma de decisiones sanitarias”

Laura Vallejo: “La economía de la salud debería interesar a todos los actores relacionados con la toma de decisiones sanitarias”

Laura Vallejo Torres es una investigadora especializada en Economía de la Salud adscrita a la Universidad de La Laguna y al Servicio de Evaluación del Servicio Canario de la Salud (SESCS). Tras coordinar el curso ‘Introducción a la Evaluación Económica en Salud’ celebrado en Tenerife, decidimos hablar con ella para profundizar en una rama del conocimiento cada vez más importante.

¿Cuándo y por qué aparece la economía de la salud?

La Economía de la salud surge como una rama dentro de la Economía en la segunda mitad del siglo XX. Un artículo muy influyente de Kenneth Arrow en 1963 señala las características conceptuales que diferencian la salud de la mayoría de otros bienes y es considerado por muchos como el nacimiento de la Economía de la Salud como disciplina.

¿A quién le interesa o le debería interesar la economía de la salud?

La economía de la salud trata sobre la asignación eficiente de recursos sanitarios que son escasos y sobre la toma de decisiones individual y colectiva en cuanto a la salud y los recursos sanitarios. A nivel de investigación se trata de una ciencia multidisciplinar en la que economistas, psicólogos, clínicos, estadísticos, etc. se unen para abordar problemas desde varias perspectivas. La información que generan estos análisis interesa – debe interesar – a todos los actores relacionados con la toma de decisiones sanitarias, desde el médico que receta o indica un tratamiento hasta el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad (MSSSI) que decide las prestaciones sanitarias que todos recibimos, pasando por gestores y técnicos de la administración pública y la empresa privada.

Parte del profesorado del curso sobre evaluación económica que coordinaste vino de universidades británicas y tú misma te has formado en Londres. ¿Qué buscabas allí que no encontrabas en nuestro país?

Inglaterra ha estado a la cabeza de la Economía de la Salud desde sus comienzos. Tanto a nivel de la formación que ofrece como de la aplicación que se hace de las evaluaciones realizadas por economistas de la salud. Yo fui a estudiar el Máster de Economía de la Salud de la Universidad de York, considerado el mejor en esta disciplina, y terminé pasando nueve años en el Reino Unido, donde que trabajé en tres universidades y completé mi doctorado.

A tu juicio, ¿cuál es el grado de desarrollo en los centros españoles de esta especialidad?

En España la Economía de la Salud aún no recibe la importancia que se merece. Hay muchos investigadores nacionales con una reputación y valoración internacional muy alta pero cuya repercusión dentro de nuestras fronteras es menor. La falta de voluntad de aplicar los criterios transparentes y medibles que ofrecen las evaluaciones de políticas y tecnologías sanitarias frena en muchos casos el desarrollo de esta especialidad en nuestro país.

¿Cambian los enfoques de esta disciplina dependiendo del país?

Sí, sobre todo entre países con un sistema sanitario público y países con un sistema de cobertura a través de seguros sanitarios. Incluso entre países con un mismo sistema de financiación existen diferencias como puede ser la perspectiva que se toma en una evaluación económica. Es decir, si se tienen en cuenta los costes que repercuten en el sistema sanitario únicamente (perspectiva del Sistema Nacional de Salud) o si se incluyen también otros costes como los que pagan los pacientes o las pérdidas de productividad debida a los días de trabajo perdidos por enfermedad (perspectiva social).

En tu perfil de LinkedIn te presentas como ‘economista de la salud’, algo que a muchos les sonará a recortes sanitarios… ¿En qué consiste exactamente tu trabajo?

La economía de la salud trata de maximizar la salud de la población con los presupuestos de los que disponemos, es decir, mejorar todo lo posible la salud de la población utilizando los recursos sanitarios de manera eficiente. Para ello debemos tener en cuenta el coste de las intervenciones sanitarias y el valor que ofrecen en términos de mejoras en la salud de las personas. Cuando una tecnología tiene un coste elevado pero es capaz de mejorar la salud a un coste adicional que se considera aceptable, las evaluaciones que realizamos recomendarían su introducción en la cartera de servicios. Por tanto nuestro objetivo no consiste en recortar en el gasto o el presupuesto sanitario, sino en distribuir el presupuesto con el que contamos de una manera más eficiente.

Entre otras cosas, eres investigadora del Servicio de Evaluación del Servicio Canario de la Salud, ¿cuáles son tus líneas de trabajo?

En el Servicio de Evaluación del Servicio Canario de la Salud realizamos investigación sanitaria a nivel local, regional y nacional. Por tanto, tratamos de dar respuesta a las preguntas que nos plantean tanto hospitales o centros de atención primaria, el Servicio Canario de la Salud y el MSSSI. Al mismo tiempo estamos involucrados en varios proyectos europeos. Mi principal línea de investigación en este momento consiste en tratar de estimar el coste adicional por mejora en salud que se considere aceptable en España para recomendar el uso de una tecnología sanitaria. A este valor lo llamamos el umbral de coste-efectividad y es necesario para poder ofrecer conclusiones transparentes y recomendaciones a los tomadores de decisiones. Algunos países con Reino Unido a la cabeza, emplean una cifra explícita. En España aún desconocemos este valor, lo que da lugar a la arbitrariedad en la toma de decisiones.

¿Crees que hay líneas o temas “olvidados” que merecerían más trabajo? ¿Cuáles? ¿Por qué?

En nuestro país todavía nos falta avanzar hacia una cultura evaluadora que ponga a disposición de expertos los datos que existen para poder estudiar el efecto de diferentes modelos organizativos, de políticas de salud y tecnologías sanitarias. No son líneas o temas olvidados, sino aspectos a los que cuesta acceder debido a la falta de voluntad y la percepción de amenaza que crea la transparencia y la rendición de cuentas. Creo que las exigencias que hoy por hoy impone la sociedad nos acercarán hacia esa cultura, pero para eso es importante la valentía de admitir que no sabemos a priori lo que funciona y la madurez de aceptar que en ocasiones podemos habernos equivocado.

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